Y a pesar de este prisma, en el chavismo “las líneas de Chávez” son claritas y consecuentes, tanto en palabra como en la acción y muchas veces, me incluyo, da la impresión que no lo entendemos. Y digo esto, porque pareciera que la comprensión de su mensaje queda en lo político, y en lo humano, en la práctica, muchas veces se dispersa el mensaje, se distorsiona la línea a seguir.
Y es que ser un revolucionario verdadero no es tan simple como vociferar consignas o ser popular con una mayoría. Esa simple palabra connota mucha acción, que viene, además de la conciencia evolucionada, también del alma y hasta de las entrañas. Por eso, para ser más chavista que Chávez hay que, además de estudiar, debatir, reflexionar, experimentar, practicar ese pensamiento socialista.
¿Y qué es el pensamiento socialista?. Más allá de la dialéctica y parafernalia, a mi modo de ver, en forma simple, sin tanta estoicidad, creo que un socialista es aquel que practica la solidaridad, la justicia, sin interés alguno, sin importar a quien y en donde, es aquel que ayuda al otro sin esperar nada a cambio, sin egoísmo sin remilgos, dispuesto a compartir su conocimiento y aprender del otro. El verdadero revolucionario, no lleva ventaja a nadie, no manifiesta ínfulas de superioridad, aunque su sapiencia lo exprese. Revolucionario es aquel que trabaja honestamente sin restar al otro la posibilidad de crecer, de evolucionar, competir en buena lid y sobre todo escuchar. Seguramente por eso Jesús de Nazaret es reconocido en el mundo como un gran revolucionario

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